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Cáncer y pies: cuidados durante la quimioterapia y cuándo consultar

Cómo puede afectar el tratamiento del cáncer a tus pies (síndrome mano-pie, cambios en las uñas, neuropatía), qué hacer en casa, cuándo consultar y qué tratamientos podológicos son posibles.

Podóloga explorando con las manos el pie de un paciente en Centro Podológico Henao, Bilbao

Por la Dra. Gisela Gómez López, podóloga colegiada Nº 334.

Publicado el 17 de octubre de 2026.

Cuando estás en tratamiento contra el cáncer, los pies no suelen ser lo primero en lo que piensas. Pero algunos tratamientos afectan a la piel, a las uñas y a los nervios de los pies, y una grieta, una uña que duele o un hormigueo que no se va pueden acabar complicando algo tan básico como calzarte o caminar.

No le pasa a todo el mundo, ni todos los fármacos producen los mismos efectos. Esta guía es para ti y para quien te acompaña: qué cambios pueden aparecer, qué hacer en casa, cuándo consultar y qué cuidados podológicos son posibles durante el tratamiento, apoyándonos en las guías de oncología y los estudios que citamos al final.

¿Por qué el tratamiento del cáncer afecta a los pies?

Muchos tratamientos contra el cáncer actúan sobre las células que se dividen deprisa, y la piel y las uñas están entre ellas. Otros pueden dañar los nervios, y los primeros en notarlo suelen ser los de los pies y las manos. A eso se suman la cirugía, la radioterapia, pasar más tiempo en reposo y otros problemas de salud que ya tuvieras.

Estas alteraciones son frecuentes: cambios en las uñas, síndrome mano-pie, hinchazón, piel seca, durezas y neuropatía (Lacouture, 2018). Pueden dificultar calzarse, apoyar el pie o caminar, y a veces obligan a modificar o interrumpir el tratamiento oncológico. Aun así, una revisión de 2023 concluyó que el cuidado de los pies en estas personas sigue bastante olvidado (Veiga-Seijo, 2023). De eso se ocupa la llamada podología oncológica: cuidar los pies durante y después del tratamiento, en coordinación con tu equipo de oncología.

Síndrome mano-pie (eritrodisestesia palmoplantar): qué es y cómo prevenirlo

El síndrome mano-pie, cuyo nombre médico es eritrodisestesia palmoplantar, es una reacción de la piel de las palmas y las plantas. Se asocia a algunos fármacos, entre ellos la capecitabina y otros que se administran en infusión, como el paclitaxel, el docetaxel o la doxorrubicina liposomal.

Lo que puedes notar:

  • Enrojecimiento, ardor u hormigueo en las plantas.
  • Piel hinchada, más sensible o tirante.
  • Piel que se pela.
  • En los casos más intensos, ampollas, zonas en carne viva y dolor que dificulta caminar.

La presión y el roce lo empeoran, así que los talones y la zona de la planta que hay justo detrás de los dedos (donde más apoyas) necesitan especial cuidado.

Qué recomiendan las guías para prevenirlo

La guía de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) recoge varias medidas (Lacouture, 2021). Pregúntale a tu equipo de oncología cuáles encajan con tu tratamiento, porque son ellos quienes las indican:

  • Evitar el roce y la presión: por ejemplo, las caminatas largas o cargar peso sin un calzado amortiguado y unos calcetines acolchados.
  • Evitar productos irritantes en la piel de los pies, como disolventes o desinfectantes.
  • Crema con urea al 10 %, que la guía recomienda para prevenirlo. En un ensayo con pacientes tratados con capecitabina, en las seis primeras semanas el síndrome apareció en el 22 % de quienes usaban urea al 10 %, frente a casi el 40 % de quienes usaban otra pomada (Hofheinz, 2015).
  • Frío durante la infusión si recibes taxanos: guantes o calcetines fríos en manos y pies mientras dura la sesión. No a todo el mundo le resulta cómodo, y lo organiza tu unidad de tratamiento.
  • Tratar antes las durezas. Si ya tienes durezas marcadas antes de empezar, la guía recomienda tratarlas antes y, para ello, una valoración por un podólogo o un profesional del cuidado del pie.

Cambios en las uñas durante la quimioterapia

Los tratamientos oncológicos pueden afectar a la uña y a la piel que la rodea. Los taxanos y algunos tratamientos dirigidos, como los inhibidores del EGFR, están muy relacionados con daños importantes en las uñas (Iorizzo, 2026). Las de las manos suelen afectarse más que las de los pies, pero los pies también lo notan.

Lo que puedes ver:

  • Uñas frágiles, que se rompen, se abren en capas o tienen surcos.
  • Cambios de color: blanquecino, marrón, rojizo u oscuro.
  • Onicólisis: la uña se despega de la piel de debajo.
  • Paroniquia: inflamación del pliegue de piel de los lados de la uña. Puede parecerse mucho a una uña encarnada y es frecuente en el dedo gordo.
  • Infecciones. Cuando la uña se despega, debajo se acumulan humedad y restos, y pueden aparecer infecciones por bacterias o por hongos (Lacouture, 2021). Una uña verdosa puede deberse a una infección por Pseudomonas, una bacteria.

Si una uña se oscurece y no sabes por qué, coméntalo: en nuestra guía sobre uñas negras explicamos qué señales hay que revisar.

Cómo cuidar las uñas

  • Hidrata a diario la piel de alrededor de la uña y la propia uña.
  • Córtalas rectas y no demasiado cortas.
  • No arranques la parte que se despega ni manipules las cutículas.
  • Usa calzado cómodo y holgado y calcetines de algodón.
  • Si la uña duele mucho, supura o se acumula sangre debajo, consulta pronto: a veces hay que retirar parte de la uña, y eso debe hacerlo un profesional valorando antes tu situación.

Con los taxanos, el frío durante la infusión que vimos antes también puede proteger las uñas: una revisión de estudios encontró que reducía aproximadamente a la mitad el riesgo de problemas en las uñas (Huang, 2019). También aquí, es tu equipo de oncología quien te lo propone.

Neuropatía por quimioterapia: hormigueo, acorchamiento y riesgo de heridas

Algunos fármacos dañan los nervios periféricos. Es lo que se llama neuropatía periférica inducida por quimioterapia. Si aparece, lo hace sobre todo en pies y manos, como si llevaras unos calcetines y unos guantes puestos:

  • Hormigueo, acorchamiento o ardor.
  • Menos sensibilidad al tacto, al frío o al calor.
  • Dificultad para notar dónde está el pie, peor equilibrio y más riesgo de caídas.

En algunas personas sigue presente después de terminar el tratamiento (Lacouture, 2018). Hoy no hay ningún medicamento recomendado para prevenirla, y la guía de la Sociedad Americana de Oncología Clínica pide a los oncólogos valorar si conviene ajustar el tratamiento cuando la neuropatía se vuelve difícil de tolerar (Loprinzi, 2020). Por eso es tan importante que se lo cuentes a tu equipo de oncología en cuanto lo notes.

Con menos sensibilidad, un roce del zapato, una piedrecita o una ampolla pueden pasar desapercibidos y convertirse en una herida. Es el mismo mecanismo que explicamos en la guía sobre la diabetes y los pies: que no duela no significa que no haya lesión. Mírate los pies cada día, revisa el interior del zapato antes de ponértelo y evita andar descalzo.

Piel seca, durezas, grietas e hinchazón

Muchos tratamientos resecan la piel, y una piel seca se agrieta con más facilidad, sobre todo en los talones. Hidrátala a diario sin dejar crema entre los dedos. Si usas una crema con urea, en esta guía explicamos qué concentración de urea elegir. Durante el tratamiento, consulta antes de usar concentraciones altas o de aplicar nada sobre una grieta abierta.

Las durezas en las zonas de apoyo pueden molestar más de lo normal. Y una grieta profunda, una zona en carne viva o una piel inflamada no deben tratarse como una dureza cualquiera: primero hay que comprobar que la piel está entera y que no hay infección.

También puede aparecer hinchazón en pies y piernas, por la cirugía, la radioterapia, algunos fármacos u otras causas. Cambia cómo te queda el calzado y facilita los roces. Si aparece una hinchazón nueva, coméntalo con tu equipo médico: su tratamiento (por ejemplo, la compresión o el drenaje linfático) lo indican ellos. Y si se te hincha de repente una sola pierna o un solo pie, llama enseguida a tu equipo de oncología, sin esperar a la próxima visita.

Semáforo: qué notas en los pies y qué hacer

Una forma sencilla de saber cuándo actuar. Es orientativa y no sustituye a lo que te indique tu equipo de oncología.

ColorQué notasQué hacer
VerdeLa piel está entera, sin heridas, sin dolor nuevo y sin signos de infección.Sigue con tus cuidados en casa. Si necesitas un cuidado podológico (durezas, uñas, plantillas), avísanos de tu tratamiento para adaptarlo.
AmarilloHormigueo o acorchamiento, enrojecimiento o ardor en las plantas, grietas, una ampolla o una herida pequeña sin signos de infección, una uña que duele o se despega, o hinchazón nueva en los dos pies.Cuéntaselo a tu equipo de oncología en tu próxima visita, o antes si va a más. Si hay una ampolla o una herida, avísales en los próximos días, sin esperar a la visita. No te cortes durezas ni uñas por tu cuenta y pide valoración antes de cualquier tratamiento del pie.
RojoFiebre durante el tratamiento, una zona caliente, roja, hinchada o con pus, ampollas o zonas en carne viva que no te dejan apoyar el pie, una herida que sangra y no para, una zona de piel negra, una lesión que empeora deprisa, una pierna o un pie que se hinchan de repente en un solo lado, o dolor que no te deja caminar.Llama enseguida a tu equipo de oncología o al teléfono de urgencias que te hayan dado. No esperes a la cita con el podólogo.

Cuidados de los pies antes, durante y después del tratamiento

Antes de empezar

Es buen momento para revisar la piel, las uñas, las zonas de presión y el calzado. Si ya tenías un problema, como una uña que se encarna o una dureza que molesta, puede ser útil resolverlo antes de que el tratamiento lo complique, si es seguro, sin retrasar tu tratamiento oncológico y con técnicas que no dañen la piel.

Durante el tratamiento

Lo importante es detectar los cambios pronto y evitar golpes y roces. No hay una frecuencia de revisión que sirva para todo el mundo: depende de tu riesgo y de lo que vayas notando. Las ampollas, las lesiones que duelen, una uña que se despega, la pérdida de sensibilidad o la dificultad para caminar deben llegar a tu equipo de oncología.

Después del tratamiento

Algunos cambios desaparecen poco a poco, pero las uñas tardan meses en crecer de nuevo y la neuropatía puede persistir. Merece la pena seguir revisando la piel, las uñas, la sensibilidad y cómo caminas.

¿Puedo ir al podólogo durante la quimioterapia?

Sí. Tener cáncer o recibir quimioterapia no significa que estén prohibidos todos los cuidados del pie. La decisión depende de tu estado, del procedimiento y de los riesgos de cada momento. Antes de tratarte necesitamos saber qué tratamiento recibes, en qué fase estás, si tienes heridas o neuropatía y si tus análisis de sangre están alterados: con las defensas o las plaquetas bajas, cualquier técnica que pueda abrir la piel o hacer sangrar se valora con tu equipo médico.

Durezas, callos y corte de uñas

Una quiropodia (quitar durezas y callos y cortar las uñas) puede aliviar las molestias cuando apoyar duele. Si la piel está entera y no hay infección, se hace con técnicas suaves. Con síndrome mano-pie, grietas profundas, zonas en carne viva o pérdida de sensibilidad, extremamos el cuidado y evitamos cualquier maniobra que pueda hacer daño.

Uñas encarnadas

Una molestia leve sin infección puede tratarse de forma conservadora. Si hay mucha inflamación, pus o carne que crece en el lateral de la uña, hace falta una valoración específica. La cirugía de la uña no se decide de forma automática: antes valoramos el riesgo de sangrado, de infección y de mala cicatrización, y lo coordinamos con tu equipo médico cuando hace falta. Aquí explicamos cómo es el tratamiento de la uña encarnada.

Plantillas, descargas y calzado

Las plantillas a medida y las descargas reparten mejor la presión y reducen el roce cuando hay durezas que vuelven o molestias al apoyar. Si tienes neuropatía, el ajuste se revisa con más cuidado, porque una plantilla que aprieta puede hacer una herida que no notes. El calzado debe tener sitio de sobra para los dedos, no tener costuras que rocen y sujetar bien el pie.

Láser y ondas de choque

No aplicamos láser ni ondas de choque sobre una zona con un tumor conocido o sospechado. Es una precaución. Se ha planteado que podrían favorecer el crecimiento de un tumor, pero es un riesgo teórico, no demostrado. En el caso del láser, por ejemplo, los estudios en animales dan resultados contradictorios (Elad, 2020). Aun así, no hay ningún motivo para correrlo.

Para que te hagas una idea de por qué hablamos de precaución y no de un peligro probado: un láser de baja potencia (fotobiomodulación), distinto del láser de alta potencia que usamos en consulta, está recomendado por guías internacionales de oncología para prevenir las llagas en la boca (mucositis) de ciertos tratamientos (Elad, 2020). Y un trabajo sobre rehabilitación oncológica considera que el cáncer, por sí solo, no impide las ondas de choque si el tumor no está en la zona tratada (Crevenna, 2019).

Por eso, si estás en tratamiento oncológico o lo has estado, lo valoramos siempre antes y caso por caso. Los procesos oncológicos están entre las contraindicaciones del láser que revisamos en la primera consulta, y la radiofrecuencia INDIBA no la aplicamos si hay un proceso oncológico activo o antecedentes de cáncer en la zona. Si no es adecuado para ti, te propondremos otra vía.

Infiltraciones

Antes de cualquier infiltración hay que valorar el riesgo de sangrado, de infección y de mala cicatrización, y los medicamentos que tomas. Revisamos tus antecedentes porque hay contraindicaciones y, si tu equipo de oncología ya te está tratando, coordinamos con ellos. El plasma rico en plaquetas (PRP), por ejemplo, no lo infiltramos si hay un proceso oncológico en la zona. No hay una prohibición universal para todas las infiltraciones, pero ninguna se hace sin valorar tu situación.

Cuidados de los pies en casa: tu lista

  • Mírate los pies cada día: plantas, talones, entre los dedos y uñas. Si no llegas bien, usa un espejo o pide ayuda. Si has perdido sensibilidad, mirar es todavía más importante.
  • Hidrata la piel seca a diario, sin dejar humedad ni crema entre los dedos.
  • Usa calzado cómodo, con sitio para los dedos, sin costuras que rocen y que sujete bien, y calcetines de algodón. Revisa el interior antes de ponértelo.
  • No andes descalzo si tienes menos sensibilidad.
  • No uses cuchillas, callicidas ni piedra pómez sin consultar antes.
  • No arranques uñas que se despegan ni manipules cutículas inflamadas.
  • Avisa a tu equipo si aparecen heridas, ampollas grandes, grietas profundas, cambios de color, más pérdida de sensibilidad o signos de infección. Repasa el semáforo de arriba.

Si estás en tratamiento, o lo has terminado hace poco, y notas cambios en los pies que te molestan o te preocupan, consúltanos. Revisamos tu historia clínica y tu tratamiento antes de hacer nada, adaptamos cada técnica a tu situación y, si tu médico ya te está tratando, coordinamos con ellos. Si algo no es adecuado para ti en este momento, te lo diremos.

No te podemos prometer que el cuidado podológico evite los efectos secundarios de la quimioterapia. Lo que buscamos es que tus pies estén cuidados y puedas seguir caminando con la mayor comodidad posible. Puedes pedir cita en Centro Podológico Henao, en Bilbao.

Referencias Científicas

Estas son las referencias en las que se apoya lo que te contamos. Puedes comprobarlas por tu cuenta.

Guías clínicas de oncología:

  • Lacouture ME, et al. Prevention and management of dermatological toxicities related to anticancer agents: ESMO Clinical Practice Guidelines. Ann Oncol. 2021. PMID: 33248228.
  • Loprinzi CL, et al. Prevention and Management of Chemotherapy-Induced Peripheral Neuropathy in Survivors of Adult Cancers: ASCO Guideline Update. J Clin Oncol. 2020. PMID: 32663120.
  • Elad S, et al. MASCC/ISOO clinical practice guidelines for the management of mucositis secondary to cancer therapy. Cancer. 2020. PMID: 32786044.

Los pies y las uñas durante el tratamiento:

  • Lacouture ME, et al. Podiatric Adverse Events and Foot Care in Cancer Patients and Survivors (Awareness, Education, and Literature Review). J Am Podiatr Med Assoc. 2018. PMID: 30742505.
  • Veiga-Seijo R, Gonzalez-Martin C. Foot Health in People with Cancer Undergoing Chemotherapy: A Scoping Review. Healthcare (Basel). 2023. PMID: 37297728.
  • Iorizzo M, et al. Nail toxicities associated with cancer therapies: Insights and recommendations from the EADV task force dermatology for cancer patients. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2026. PMID: 40923547.

Prevención y tratamientos físicos:

  • Hofheinz RD, et al. Mapisal Versus Urea Cream as Prophylaxis for Capecitabine-Associated Hand-Foot Syndrome: A Randomized Phase III Trial of the AIO Quality of Life Working Group. J Clin Oncol. 2015. PMID: 26124485.
  • Huang KL, et al. Prophylactic management for taxane-induced nail toxicity: A systematic review and meta-analysis. Eur J Cancer Care (Engl). 2019. PMID: 31184794.
  • Crevenna R, Mickel M, Keilani M. Extracorporeal shock wave therapy in the supportive care and rehabilitation of cancer patients. Support Care Cancer. 2019. PMID: 31446484.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada ni las indicaciones de tu equipo de oncología. Cada tratamiento y cada persona son distintos, y las decisiones sobre tu cuidado deben tomarse en cada caso tras una valoración clínica.

Cáncer Quimioterapia Síndrome mano-pie Uñas Neuropatía Cuidado de los pies

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Este contenido ha sido elaborado y revisado por profesionales sanitarios colegiados del Centro Podológico Henao, según nuestra política editorial y de revisión médica. No sustituye una consulta médica personalizada. Última revisión: 17 oct 2026.

Dra. Gisela Gómez López - Podóloga y Directora de Centro Podológico Henao Bilbao

Escrito y revisado clínicamente por

Dra. Gisela Gómez López

Podóloga Colegiada N 334 · Fundadora y Directora

Formadora Certificada en Terapia Láser Formadora en Podowebinar

Podóloga colegiada N 334. Fundadora de Centro Podológico Henao. Más de 15 años de experiencia. Especialista en cirugía podológica, biomecánica y técnicas ecoguiadas. Formadora certificada en terapia láser.

  • Programa de Especialización en Podología Pediátrica, Escuela Raíz (2026)
  • Máster en Podología Clínica Avanzada, CEU
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Preguntas frecuentes

Es una reacción de la piel de las palmas de las manos y las plantas de los pies que aparece con algunos tratamientos contra el cáncer, como la capecitabina o los taxanos. Suele empezar con enrojecimiento, hormigueo, ardor o sensación de piel tirante, y la piel puede hincharse y pelarse. En los casos más intensos salen ampollas y duele al caminar. No le ocurre a todo el mundo, ni todos los fármacos lo producen. Si lo notas, cuéntaselo a tu equipo de oncología: son quienes valoran si hay que ajustar algo.

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