¿Qué tienen que ver la boca, la postura y los pies? Caso infantil
Maloclusión, postura y pies en niños: qué dice la evidencia, qué valoramos en podología y cómo coordinamos el tratamiento con odontología en un caso real.

Caso clínico real atendido por Dra. Gisela Gómez López en Centro Podológico Henao, Bilbao.
Dra. Gisela Gómez López, podóloga colegiada N 334
«El cuerpo no entiende de especialidades. Nosotros tampoco deberíamos valorar cada estructura de forma aislada.»
A primera vista pueden parecer tres territorios completamente independientes. La boca la trata el odontólogo. La postura la valoramos en movimiento. Y los pies, el podólogo.
Pero el cuerpo no funciona dividido por especialidades. En un niño, la posición de la mandíbula, la cabeza, el tronco, la pelvis y los apoyos plantares forman parte de un sistema dinámico de equilibrio y adaptación. Y cuando encontramos alteraciones en más de una de estas áreas, puede tener sentido estudiarlas de forma conjunta. Eso es precisamente lo que ocurrió en uno de nuestros últimos casos clínicos.
Una derivación desde odontología
La paciente acudió a Centro Podológico Henao derivada por su odontóloga.
Antes de iniciar un tratamiento con una férula funcional, la profesional consideró conveniente realizar una valoración biomecánica y postural completa, con el objetivo de conocer cómo se comportaba el resto del cuerpo y valorar si existían alteraciones que debieran abordarse también desde los pies.
Este tipo de derivaciones nos parecen especialmente interesantes porque parten de una idea fundamental: si estamos modificando una parte de un sistema complejo, conviene saber qué está ocurriendo en el resto.
La literatura científica ha encontrado asociaciones entre determinadas maloclusiones y parámetros relacionados con la postura corporal, la posición de cabeza y cuello, el sistema podal e incluso algunos aspectos de la marcha en población infantil. Sin embargo, asociación no significa causalidad: que dos alteraciones aparezcan juntas no demuestra que una sea necesariamente responsable de la otra.
Y esa diferencia es clave.
Maloclusión y postura: una mala mordida no significa automáticamente «mala postura»
En este campo se han simplificado demasiado algunas ideas.
No sería correcto afirmar que una determinada mordida provoca un pie plano, ni que unas plantillas van a corregir una maloclusión. Tampoco podemos asumir que tratar los pies vaya a modificar necesariamente la posición mandibular.
El organismo es bastante más complejo. El control postural depende de la integración de múltiples sistemas: información visual, vestibular y propioceptiva, sistema musculoesquelético, control neuromotor y condiciones del apoyo, entre otros.
El sistema estomatognático (mandíbula, dientes, articulaciones temporomandibulares y musculatura asociada) también participa en esa compleja red neuromuscular y sensorial. Por eso se investiga desde hace años su posible relación con el control postural. Las revisiones disponibles encuentran conexiones potenciales, pero también bastante heterogeneidad entre los estudios.
Por eso nuestro enfoque no consiste en buscar una relación forzada entre boca y pies. Consiste en explorar al paciente completo.
¿Qué buscamos desde podología?
Cuando recibimos a un niño derivado desde odontología, no miramos únicamente si tiene «el pie plano». Realizamos una valoración global de su función:
- posición y movilidad de pies y tobillos;
- alineación de las extremidades inferiores;
- rodillas;
- rotaciones de cadera;
- pelvis;
- distribución de cargas;
- patrón de apoyo;
- marcha;
- equilibrio y control postural;
- posibles asimetrías y estrategias de compensación.

Después integramos todos esos hallazgos. En nuestra paciente encontramos diferentes alteraciones funcionales y posturales que justificaban realizar un tratamiento desde el ámbito podológico.
Y aquí aparece una cuestión importante: no tratamos una fotografía de la postura. Tratamos cómo funciona ese niño.
El pie no es simplemente el lugar donde termina el cuerpo
Los pies constituyen nuestra principal superficie de contacto con el suelo. Desde ellos recibimos información sensorial continuamente y sobre ellos gestionamos las fuerzas que se producen durante la bipedestación, la marcha, la carrera o el deporte.
Pero tampoco tiene sentido pensar en el pie como el supuesto «origen de todo». Una posición determinada del pie puede influir en la mecánica de la extremidad inferior, pero el propio pie también puede adaptarse a lo que sucede por encima.
En biomecánica muchas veces hablamos de relaciones ascendentes y descendentes (lo vimos también en un caso de dolor de rodilla que nace en el pie). Es decir: determinadas adaptaciones pueden propagarse desde el apoyo hacia segmentos superiores, mientras que cambios en pelvis, tronco o cabeza también pueden modificar la manera en la que una persona distribuye sus cargas sobre los pies.
Por eso observar únicamente una parte del cuerpo puede darnos una información incompleta.
En este caso, dos tratamientos coordinados
Tras realizar el estudio biomecánico, indicamos unas plantillas personalizadas, diseñadas específicamente a partir de los hallazgos obtenidos durante la exploración. Además, la paciente utiliza una férula funcional indicada por su odontóloga.
No se trataba de que el odontólogo corrigiera una parte y nosotros otra de forma independiente. Lo interesante era precisamente poder valorar a la paciente con ambos tratamientos y compartir esa información entre profesionales.
Ese concepto cambia bastante la forma de entender el tratamiento. No hablamos de boca por un lado + pies por otro. Hablamos de diferentes profesionales actuando dentro de sus respectivas competencias, pero compartiendo información sobre un mismo paciente.
¿Y cómo sabemos que algo está cambiando?
No basta con tratar. También hay que medir. Antes de iniciar el tratamiento realizamos una valoración postural mediante MotiPhysio, además del estudio biomecánico completo. Repetimos el análisis, ya con ambos tratamientos, y el índice global registrado pasó de 52 puntos, correspondiente a un desequilibrio moderado, a 28 puntos, clasificado como leve. Contamos el detalle de esta medición en el artículo ¿Cómo sabemos si unas plantillas funcionan?.

Pero hay un matiz fundamental: en la segunda valoración la paciente estaba utilizando tanto sus plantillas como la férula funcional. Por tanto, no sería científicamente correcto atribuir esa evolución exclusivamente a uno de los dos tratamientos.
No pretendemos demostrar que «la boca cambia los pies» ni que «las plantillas cambian la mordida». Lo que sí podemos comprobar es cómo responde la paciente en conjunto con ambos tratamientos, y medirlo mientras los diferentes profesionales revisamos nuestra parcela de tratamiento.
La importancia de tratar niños, no estructuras aisladas
En pediatría hay además una circunstancia especialmente relevante: el niño está creciendo.
Su sistema musculoesquelético cambia. Su coordinación cambia. Su patrón de marcha cambia. Cambian sus proporciones corporales, su actividad física y muchas de sus estrategias de compensación.
Por eso determinadas alteraciones que aparecen durante el desarrollo no deberían abordarse automáticamente desde una única especialidad. En algunos pacientes será suficiente el seguimiento podológico. En otros será necesaria la participación de fisioterapia. En otros, odontología u ortodoncia. Y dependiendo del caso pueden intervenir también pediatría, traumatología, oftalmología u otras disciplinas.
La clave no es derivar a todo niño a cinco profesionales. La clave es detectar cuándo existe algo fuera de nuestro ámbito que merece ser valorado por quien realmente corresponde.
¿Cuándo puede tener sentido una valoración multidisciplinar en niños?
Especialmente cuando observamos una combinación de alteraciones que no encaja en un problema exclusivamente local.
Por ejemplo, un niño con determinadas alteraciones del apoyo asociadas a asimetrías marcadas, cambios posturales, alteraciones funcionales de la mordida, posición cefálica llamativa o dificultades de control motor puede requerir una valoración más amplia. No porque exista necesariamente una relación causal entre todas ellas, sino porque pueden coexistir dentro del mismo patrón funcional.
Una revisión sistemática publicada en 2024 que incluyó 24 estudios transversales y más de 6.000 niños encontró asociaciones entre maloclusión y diferentes variables relacionadas con postura corporal, cabeza y columna cervical, sistema podal y marcha. Los propios autores señalan, sin embargo, la necesidad de más estudios longitudinales de cohortes que permitan entender mejor estas relaciones y su posible dirección causal.
Ese es exactamente el nivel de prudencia que debe mantenerse en clínica.
Coordinación no significa tratar de más
Este punto nos parece especialmente importante.
Un abordaje multidisciplinar bien hecho no consiste en acumular tratamientos. Consiste justamente en lo contrario: decidir mejor.
Compartir información entre profesionales puede ayudarnos a determinar qué alteraciones necesitan tratamiento, cuáles simplemente requieren seguimiento y cuáles son adaptaciones que no debemos intentar corregir.
En el caso que presentamos, durante la valoración biomecánica incluso probamos distintas modificaciones del tratamiento y descartamos algunas porque los datos obtenidos mostraban que no mejoraban la respuesta de la paciente.
Eso es también medicina personalizada. No aplicar más tratamiento. Aplicar solo el que tiene sentido para ese paciente.
Boca, postura y pies: ni separados ni mágicamente conectados
Probablemente esta sea la idea más importante de todo el artículo.
Existe investigación que apoya una relación entre el sistema estomatognático y determinados parámetros posturales, especialmente en algunas situaciones clínicas. Pero todavía no existe evidencia suficiente para transformar esa relación en reglas simples del tipo: «si tienes esto en la boca, tendrás esto en los pies».
El cuerpo humano no funciona así.
Por eso nuestro enfoque es mucho más clínico: explorar, medir, interpretar, tratar cuando sea necesario y volver a evaluar. Y cuando encontramos factores que pertenecen a otra especialidad, trabajar conjuntamente.
Porque un niño puede acudir a nuestra consulta por sus pies. Pero nosotros no tratamos dos pies. Tratamos a un niño que se mueve, crece y se adapta como un todo.
En nuestra consulta de podología infantil en Centro Podológico Henao valoramos al niño de forma global y, cuando hace falta, coordinamos el tratamiento con otros profesionales. Si tu hijo ya lleva plantillas, también te puede interesar el papel del calzado en el tratamiento ortopodológico infantil.
Declaración de Consentimiento y Privacidad
Las imágenes clínicas y la información de este caso se publican con el consentimiento informado expreso de la familia de la paciente, con fines educativos y divulgativos. Los datos identificativos han sido modificados o eliminados para proteger su privacidad conforme a la normativa de protección de datos (LOPD/RGPD).
Servicios Aplicados

Podología Infantil
Cuidado podológico especializado para el desarrollo saludable de los pies de los niños.

Estudio Biomecánico
Análisis avanzado de tu pisada para detectar alteraciones y diseñar plantillas a medida.

Plantillas PersonalizadasPopular
Plantillas a medida basadas en estudio biomecánico para corregir tu pisada.
¿Te ha resultado útil este artículo?
Este contenido ha sido elaborado y revisado por profesionales sanitarios colegiados del Centro Podológico Henao, según nuestra política editorial y de revisión médica. No sustituye una consulta médica personalizada. Última revisión: 16 oct 2026.

Escrito y revisado clínicamente por
Dra. Gisela Gómez López
Podóloga Colegiada N 334 · Fundadora y Directora
Podóloga colegiada N 334. Fundadora de Centro Podológico Henao. Más de 15 años de experiencia. Especialista en cirugía podológica, biomecánica y técnicas ecoguiadas. Formadora certificada en terapia láser.
- Master en Intervencionismo Ecoguiado de Tobillo y Pie, Pragma (2024-2025)
- Postgrado en Patomecánica del Pie y sus Tratamientos Ortopodológicos, Universidad de Barcelona (UB)



