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Pies en el Embarazo: Dolor, Pisada y Calzado (Bilbao)

Cómo cambian los pies en el embarazo: hinchazón, dolor de talón, metatarsalgia, calzado y plantillas. Guía de la Dra. Gisela Gómez, podóloga en Bilbao.

La Dra. Gisela Gómez López, podóloga y directora de Centro Podológico Henao, embarazada y con uniforme clínico en la consulta de Bilbao

Dra. Gisela Gómez López, podóloga colegiada N 334

Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer atraviesa una transformación profunda. Cambia la postura, cambia la forma de caminar, cambia la distribución del peso corporal y también cambia la manera en la que los pies soportan la carga diaria. Y, sin embargo, aunque se habla mucho de la espalda, de la pelvis o de la retención de líquidos, los pies casi siempre quedan en un segundo plano.

Aun así, muchas mujeres embarazadas empiezan a notar señales muy claras: pies más hinchados, sensación de cansancio, dolor en el talón, molestias en la planta del pie, calambres, más dificultad para encontrar un calzado cómodo o incluso la impresión de que el número de zapato les ha cambiado.

Esto no es casualidad. El embarazo genera modificaciones hormonales, circulatorias y biomecánicas que pueden afectar de forma directa a la estructura y la función del pie. La evidencia científica ha descrito cambios en la longitud del pie, en el volumen, en la altura del arco plantar y en la distribución de presiones durante el embarazo y el posparto. Algunos mejoran tras el parto; otros, en determinadas mujeres, se mantienen en el tiempo.

Uno de los grandes errores es pensar que «es normal que duelan los pies en el embarazo» y que no se puede hacer nada. Es cierto que muchos cambios forman parte del proceso fisiológico, pero eso no significa que haya que normalizar el dolor, la limitación para caminar o la aparición de lesiones.

Como podóloga y también como mujer que ha vivido el embarazo, conocer estos cambios desde dentro me permitió entender todavía mejor las molestias que tantas pacientes describen en esta etapa.

Por Qué Cambian los Pies Durante el Embarazo

El pie está diseñado para soportar carga, adaptarse al terreno, amortiguar impactos y participar en el equilibrio del cuerpo. Durante el embarazo, todas estas funciones se ven sometidas a una mayor exigencia.

Por un lado, hay un aumento progresivo de peso que incrementa la carga que reciben los pies en cada paso. Por otro, el crecimiento abdominal desplaza el centro de gravedad, lo que obliga al cuerpo a adaptar la postura y la marcha para no perder el equilibrio.

A esto se suman los cambios hormonales. La relaxina, junto con otras hormonas, prepara el cuerpo para el parto favoreciendo una mayor laxitud ligamentosa. Aunque su efecto es especialmente relevante a nivel pélvico, también puede influir en otras estructuras, incluidos los pies.

Esto no significa que todas las embarazadas vayan a desarrollar pies planos o dolor crónico, pero sí explica por qué algunas pacientes notan más inestabilidad, mayor pronación, descenso del arco plantar o aumento de la longitud y la anchura del pie. Estudios longitudinales han observado una disminución de la altura del arco y de la rigidez del pie tras el embarazo, con un aumento asociado de la longitud en algunas mujeres.

Desde el punto de vista clínico esto importa, porque el pie no trabaja aislado. Si cambia la forma en la que apoya, también puede cambiar la carga que reciben el tobillo, la rodilla, la cadera y la zona lumbar.

El Aumento de Talla del Pie en el Embarazo

Una de las cosas que más sorprende a muchas mujeres es notar que el calzado que antes les servía empieza a quedar justo. A veces ocurre por la hinchazón, pero no siempre es solo retención de líquidos.

Durante el embarazo puede aumentar el volumen del pie, pero también puede modificarse su estructura. La combinación de más carga corporal, laxitud ligamentosa y cambios en el arco plantar puede hacer que el pie se alargue o se ensanche. En algunos casos es temporal; en otros, puede mantenerse tras el parto.

La literatura científica ha descrito que el primer embarazo puede tener un papel especialmente relevante en estos cambios. Un estudio publicado en 2013 observó que el embarazo se asociaba a pérdida de altura del arco y menor rigidez del pie, cambios que podían persistir varios meses después del parto.

Por eso muchas mujeres dicen: «desde que fui madre, ya no he vuelto a usar el mismo número de zapato». No es una percepción imaginaria; en algunas pacientes hay un cambio estructural real.

Pies Hinchados en el Embarazo: el Síntoma Más Frecuente

La hinchazón de pies y tobillos es probablemente el síntoma más conocido del embarazo. Se debe a varios factores: aumento del volumen sanguíneo, retención de líquidos, presión del útero sobre el retorno venoso y mayor dificultad circulatoria, especialmente en las últimas etapas.

Suele empeorar al final del día, con el calor, tras muchas horas de pie o después de permanecer mucho tiempo sentada. En la mayoría de los casos es bilateral, progresiva y mejora con descanso, elevación de las piernas, movimiento suave y un calzado adecuado.

Aun así, no toda hinchazón debe normalizarse. Si aparece de forma brusca, es muy asimétrica o se acompaña de dolor intenso, enrojecimiento, calor local o síntomas generales, debe valorarse médicamente. En el embarazo es especialmente importante diferenciar una hinchazón habitual de signos que puedan requerir atención médica.

Desde el punto de vista podológico, el edema también condiciona la elección del calzado. Un zapato que antes era cómodo puede empezar a comprimir el antepié, los dedos o el dorso del pie. Y esa presión puede favorecer rozaduras, uñas encarnadas, dolor metatarsal o sensación de quemazón.

Dolor de Talón y Fascitis Plantar en el Embarazo

El dolor en el talón o en la planta del pie es otro motivo frecuente de consulta. Muchas mujeres lo notan sobre todo al levantarse por la mañana o después de estar un rato sentadas. A veces se describe como un pinchazo en el talón, una tirantez en la planta o dolor al apoyar.

Durante el embarazo, la fascia plantar puede verse sometida a más tensión por varios motivos. El aumento de peso incrementa la carga mecánica sobre el pie, y si además hay descenso del arco, mayor pronación o fatiga muscular, la fascia trabaja en condiciones menos favorables.

Pero conviene aclarar algo importante: no todo dolor de talón en el embarazo es una fascitis plantar. También puede haber sobrecarga de la grasa plantar, irritación nerviosa, dolor muscular, tendinopatía, alteraciones de la pisada o dolor referido desde otras zonas.

Por eso, cuando el dolor es persistente, limita la marcha o no mejora con medidas básicas, conviene valorar el caso de forma individual. En nuestra consulta podológica avanzada, el estudio biomecánico de la pisada y la ecografía musculoesquelética nos ayudan a diferenciar si realmente hay afectación de la fascia plantar o si el origen del dolor es otro.

Cómo Cambia la Forma de Caminar en el Embarazo

A medida que avanza el embarazo, muchas mujeres modifican su manera de caminar. Y no es simplemente «andar más despacio»: el cuerpo adapta la marcha para mantener el equilibrio y compensar el cambio del centro de gravedad.

Puede aumentar la base de sustentación, cambiar la distribución de la presión plantar y modificarse el patrón de apoyo. Algunos estudios han descrito variaciones en la presión plantar y en la biomecánica del pie durante el embarazo, con tendencia a cambios en la carga del retropié, el mediopié o el antepié según el momento de la gestación y las características de cada mujer.

En la práctica, esto puede traducirse en una sensación de caminar «raro», de perder agilidad, de cansarse antes o de cargar más una zona concreta del pie. También puede favorecer molestias en rodillas, caderas o zona lumbar.

Aquí es clave entender que el pie forma parte de una cadena. Si el apoyo cambia, el resto del cuerpo se adapta. Y si esa adaptación supera la tolerancia de los tejidos, aparece el dolor.

Metatarsalgia y Sobrecarga del Antepié

La metatarsalgia es el dolor en la zona anterior del pie, justo debajo de las cabezas de los metatarsianos. Durante el embarazo puede aparecer por el aumento de carga, por cambios en la forma de apoyar o por usar un calzado poco adecuado.

Algunas mujeres sienten quemazón, sensación de «piedra» bajo el pie, dolor al caminar o molestias al estar mucho tiempo de pie. Si el calzado es estrecho, plano, inestable o demasiado flexible para la tolerancia de esa paciente, el antepié sufre más.

También influye la hinchazón. Cuando el pie aumenta de volumen dentro de un zapato estrecho, los metatarsianos y los dedos quedan más comprimidos. Y eso puede favorecer dolor, rozaduras, callosidades, uñas encarnadas o irritación de los pequeños nervios interdigitales.

Uñas Encarnadas, Rozaduras y Cambios en la Piel

Durante el embarazo también pueden aparecer problemas en la piel y en las uñas. No siempre se deben directamente al embarazo, pero sí se ven favorecidos por el aumento de volumen del pie, la dificultad para cortarse bien las uñas, el uso de calzado ajustado o la mayor sudoración.

Las uñas encarnadas aparecen cuando el borde de la uña se clava en la piel, generando dolor, inflamación e incluso infección. En embarazadas resulta especialmente molesto, porque limita tanto el calzado como la marcha.

También pueden aparecer rozaduras, durezas o ampollas si el pie cambia de tamaño y se sigue usando el mismo calzado. Por eso, revisar el calzado durante el embarazo no es un detalle menor: puede prevenir muchos problemas.

Calambres, Fatiga y Piernas Cansadas

Los calambres y la sensación de fatiga en pies y piernas son habituales durante el embarazo. Pueden influir los cambios circulatorios, la sobrecarga muscular, la retención de líquidos, el cansancio general y las modificaciones posturales.

Desde el punto de vista del pie, cuando la musculatura tiene que trabajar más para estabilizar, se fatiga antes. Esto ocurre sobre todo si el calzado no acompaña, si se pasan muchas horas de pie o si ya existía una alteración biomecánica previa.

En estos casos, las medidas sencillas ayudan mucho: movilidad suave, caminar de forma regular si no hay contraindicación médica, hidratación, descanso, elevación de las piernas, calzado cómodo y valoración si el dolor se mantiene.

La actividad física moderada, cuando el embarazo no presenta contraindicaciones, está recomendada por organismos como el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG), que señala que caminar es una actividad segura y accesible para muchas embarazadas y recomienda ejercicio aeróbico y de fuerza en embarazos no complicados.

Qué Calzado Usar Durante el Embarazo

El calzado durante el embarazo debe adaptarse a una realidad nueva: el pie puede estar más sensible, más ancho, más hinchado y sometido a mayor carga. Por eso, no siempre sirve el mismo zapato que antes.

Lo ideal es un calzado que no comprima, con suficiente espacio para los dedos, estable y que permita caminar con seguridad. La horma debe ser amplia, sobre todo en el antepié, y la suela debe ofrecer confort sin generar una sensación excesiva de inestabilidad.

Conviene evitar dos extremos. Por un lado, el calzado rígido, estrecho y con tacón, que aumenta la presión sobre el antepié, favorece la inestabilidad y empeora las molestias. Por otro, un calzado excesivamente blando, sin estructura ni capacidad de control, que puede no ser adecuado para todas las mujeres, especialmente si hay dolor, pronación marcada o sensación de inestabilidad.

El mejor calzado durante el embarazo no es el más de moda, sino el que mejor se adapta a las necesidades biomecánicas de cada mujer en ese momento.

¿Calzado Barefoot en el Embarazo? Qué Tener en Cuenta

El calzado barefoot o minimalista ha ganado mucha popularidad en los últimos años. Y ha puesto sobre la mesa ideas interesantes: la importancia de que los dedos tengan espacio, la necesidad de no comprimir el antepié, el papel de la musculatura intrínseca del pie y la crítica a ciertos calzados excesivamente estrechos o rígidos.

Comparación entre una horma de calzado ancha y anatómica, que respeta la forma del pie y deja espacio a los dedos, frente a una horma convencional estrecha que comprime el antepié

Todo eso tiene sentido. Pero durante el embarazo hay que ser especialmente prudentes.

El barefoot no debe plantearse como una solución universal. En una mujer embarazada, el pie soporta más carga, puede haber más laxitud ligamentosa, más edema y cambios en el equilibrio. Si una paciente ya usaba calzado barefoot antes del embarazo y lo toleraba bien, quizá siga siendo una opción cómoda en determinados momentos. Pero iniciar una transición hacia el barefoot durante el embarazo, de forma brusca y sin adaptación, puede no ser lo más adecuado.

El pie necesita movimiento, sí. Pero también necesita tolerancia de carga. Y durante el embarazo esa tolerancia puede cambiar.

Por eso, lo sensato es diferenciar conceptos. Una cosa es usar un calzado con horma ancha, cómodo, respetuoso con la forma del pie y que no comprime los dedos. Otra muy distinta es usar un calzado extremadamente minimalista, sin amortiguación ni soporte, en una etapa en la que el cuerpo está cambiando con rapidez.

En muchas embarazadas, la opción más interesante es un punto medio: calzado amplio, estable, flexible en su justa medida, con buena sujeción y adaptado a su nivel de actividad, su dolor y su biomecánica.

¿Sirven las Plantillas Durante el Embarazo?

En algunos casos, sí. Las plantillas podológicas personalizadas pueden ser una herramienta útil durante el embarazo cuando existe dolor, sobrecarga, fascitis plantar, metatarsalgia, inestabilidad o alteraciones de la pisada que están generando síntomas.

No se trata de poner plantillas «por estar embarazada». Se trata de valorar cómo está funcionando ese pie, dónde se está produciendo la sobrecarga y qué necesita esa paciente en ese momento.

Una plantilla bien indicada puede ayudar a redistribuir presiones, mejorar la estabilidad, descargar zonas dolorosas y hacer que caminar resulte más cómodo. En algunos casos se utiliza de forma temporal durante el embarazo y el posparto. En otros, forma parte de un tratamiento más amplio si ya existía una alteración biomecánica previa.

Aquí es importante individualizar. No todas las mujeres necesitan plantillas, igual que no todas toleran el mismo tipo de calzado o el mismo nivel de actividad.

El Posparto: los Pies También Necesitan Tiempo

Después del parto, muchas mujeres esperan que todo vuelva rápidamente a la normalidad. Pero el cuerpo necesita tiempo. El pie puede seguir más ancho, la musculatura puede estar debilitada, puede persistir cierta laxitud y la carga diaria cambia de forma importante: lactancia, falta de sueño, coger al bebé, caminar con el carrito, pasar muchas horas de pie o usar un calzado rápido y poco estable.

Además, si durante el embarazo apareció dolor de talón, metatarsalgia o molestias en las uñas, no siempre desaparecen de inmediato. En algunos casos, el posparto es justo el momento en el que la mujer empieza a prestar atención a síntomas que durante el embarazo había ido tolerando.

La evidencia disponible sugiere que algunos cambios en la longitud y el volumen del pie pueden mantenerse durante el posparto, y que ciertos cambios estructurales pueden no revertir por completo en todas las mujeres.

Por eso, si una mujer nota que después del embarazo ya no calza igual, que camina diferente o que tiene un dolor persistente, tiene todo el sentido hacer una valoración.

Cuándo Consultar con un Podólogo en el Embarazo

Conviene consultar si aparece dolor persistente en el talón, en la planta del pie o en el antepié. También si hay dificultad para caminar, sensación de inestabilidad, un aumento claro de durezas, uñas encarnadas, dolor con el calzado, hormigueos, quemazón o molestias que limitan la vida diaria.

Es recomendable valorar el pie, además, si la embarazada ya tenía antecedentes de fascitis plantar, pies planos, metatarsalgia, neuroma de Morton, tendinopatías, uso previo de plantillas o lesiones deportivas. El embarazo puede actuar como un factor de sobrecarga sobre una estructura que ya venía funcionando al límite.

Y la consulta podológica no tiene por qué centrarse únicamente en tratar una lesión. También puede ayudar a prevenir, orientar sobre el calzado, adaptar las plantillas si ya se usaban, valorar la pisada y dar pautas individualizadas para reducir molestias.

Conclusión: el Embarazo También Cambia los Pies

El embarazo no solo cambia la barriga, la pelvis o la espalda. También puede cambiar los pies.

Puede cambiar su volumen, su longitud, su apoyo, su tolerancia a la carga y su forma de participar en la marcha. Algunas molestias son frecuentes y forman parte de una etapa de adaptación, pero el dolor persistente, la limitación para caminar o la aparición de lesiones no deberían normalizarse sin más.

Comprender cómo afecta el embarazo al pie permite tomar mejores decisiones: elegir mejor el calzado, evitar compresiones innecesarias, adaptar la actividad física, valorar si se necesitan plantillas y consultar cuando los síntomas no mejoran.

En Centro Podológico Henao, en Bilbao, realizamos una valoración individualizada del pie y de la pisada para entender qué está ocurriendo en cada caso y ofrecer soluciones adaptadas a cada mujer, también durante el embarazo y el posparto.

Firmado: Dra. Gisela Gómez López. Directora y podóloga de Centro Podológico Henao.

Bibliografía y Evidencia Científica

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  • Pardo FJV et al. Changes in foot posture during pregnancy and their relation with musculoskeletal pain. 2018. Analiza la relación entre la pronación del pie y el dolor musculoesquelético durante el embarazo.
  • American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Exercise During Pregnancy. Recomendaciones actuales sobre el ejercicio físico seguro durante el embarazo.

La información de este artículo se basa en la literatura científica actual sobre biomecánica, podología y cambios musculoesqueléticos durante el embarazo. Tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada.

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Este contenido ha sido elaborado y revisado por profesionales sanitarios colegiados del Centro Podológico Henao. No sustituye una consulta médica personalizada. Última revisión: 29 may 2026.

Dra. Gisela Gómez López - Podóloga y Directora de Centro Podológico Henao Bilbao

Escrito y revisado clínicamente por

Dra. Gisela Gómez López

Podóloga Colegiada N 334 · Fundadora y Directora

Formadora Certificada en Terapia Láser Formadora en Podowebinar

Podóloga colegiada N 334. Fundadora de Centro Podológico Henao. Más de 15 años de experiencia. Especialista en cirugía podológica, biomecánica y técnicas ecoguiadas. Formadora certificada en terapia láser.

  • Máster Oficial en Cirugía de Mínima Incisión del Pie para Podólogos — Universidad Cardenal Herrera (UCV)
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Preguntas frecuentes

Sí, es frecuente y no es solo cosa de la hinchazón. Durante el embarazo se combinan más carga corporal, mayor laxitud ligamentosa y un posible descenso del arco plantar, y esa suma puede hacer que el pie se alargue o se ensanche. En muchas mujeres el cambio es temporal y mejora tras el parto, pero la evidencia científica ha descrito que en algunas el cambio estructural puede mantenerse, sobre todo después del primer embarazo. Por eso no es raro escuchar «desde que fui madre ya no calzo el mismo número»: en algunas pacientes hay un cambio real, no una impresión.

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