Mikel, un comercial activo de 48 años de Getxo, llegó a nuestra consulta en el Centro Podológico Henao después de meses de frustración. Su historia es la de muchos pacientes: una odisea de dolor, confusión y diagnósticos fallidos. Durante más de seis meses convivió con una quemazón inexplicable en la planta del pie, un hormigueo eléctrico que le despertaba por las noches y una sensación de acorchamiento en los dedos que le impedía disfrutar de sus paseos por la ría.
Lo desconcertante: su pie, a simple vista, parecía perfecto. No había hinchazón, ni moratones, ni nada visible que justificara esa tortura silenciosa.

Su calvario no empezó con un golpe o lesión clara, sino de forma gradual. Primero fue un ligero hormigueo en el arco del pie al final del día. Poco a poco, esa sensación se transformó en un ardor persistente que se extendía hacia los dedos.
Recorrió diferentes especialistas sin encontrar respuesta. Le hablaron de fascitis plantar, problemas de circulación, metatarsalgia. Las radiografías no mostraban nada y los antiinflamatorios apenas aliviaban los síntomas temporalmente. Su frustración crecía con cada consulta: sentía un dolor muy real, pero nadie podía encontrar su origen.
“Vengo porque ya no sé qué más hacer. Siento que tengo el pie ardiendo por dentro, pero en todas las pruebas me dicen que no tengo nada”
Para cuando nos consultó, estaba a punto de rendirse y aceptar vivir con ese “dolor fantasma”. No sabía que su problema tenía un nombre y, lo más importante, una solución basada en un diagnóstico de alta precisión.

El caso de Mikel es un ejemplo de manual del Síndrome del Túnel Tarsiano. Aunque cada paciente es único, el nervio tibial, cuando está atrapado, envía señales muy características. Estos son los síntomas que, para un experto, son una hoja de ruta clara hacia el diagnóstico correcto:
Dolor tipo quemazón, ardor o eléctrico. Es el síntoma estrella del túnel tarsiano. Una sensación punzante y quemante que recorre la planta del pie, a menudo concentrada en el arco interno y el talón.
Hormigueo y parestesias. Sensación de “alfileres y agujas” en los dedos o en la planta, o una desagradable sensación de “acorchamiento” o adormecimiento. Un signo inequívoco de afectación nerviosa.
Empeoramiento nocturno. El dolor y el hormigueo se intensifican durante el reposo, especialmente por la noche, llegando a interrumpir el sueño. Muchos pacientes necesitan mover el pie o colgarlo fuera de la cama para encontrar alivio.
Se agrava con la actividad prolongada. Estar de pie mucho tiempo, caminar o correr puede desencadenar o aumentar la intensidad de los síntomas.
Ausencia de signos visibles. Esta es la clave de la confusión. El pie no suele estar hinchado, ni rojo, ni caliente. Su apariencia es completamente normal, lo que lleva a diagnósticos erróneos o a minimizar el problema.
Alivio nulo o mínimo con antiinflamatorios. Si las pastillas para la inflamación no hacen prácticamente nada, es una pista potente de que el origen del problema no es una simple inflamación, sino una compresión nerviosa.

La frustración de Mikel era comprensible. Le habían dicho que “no tenía nada” porque las pruebas convencionales no mostraban la causa de su dolor. Aquí es donde nuestro método en el Centro Podológico Henao marca la diferencia. No nos conformamos con lo superficial; vamos directamente al origen del problema.
La exploración comenzó con un análisis biomecánico y palpatorio detallado. Con Mikel en la camilla, evaluamos la sensibilidad y la fuerza de su pie, buscando reproducir sus síntomas con maniobras específicas. Al realizar una leve percusión en el trayecto del nervio por detrás del tobillo (el llamado Signo de Tinel), Mikel sintió al instante esa descarga eléctrica familiar hacia la planta del pie. Era una pista crucial, una confirmación de que el problema era neurológico.
Pero la pieza definitiva del puzzle diagnóstico llegó con nuestra ecografía de alta resolución. Mientras que una radiografía solo muestra huesos y es inútil para ver nervios o tendones, el ecógrafo es nuestra ventana en tiempo real a los tejidos blandos. Y ahí estaba, de forma inequívoca: el nervio tibial de Mikel, a su paso por el túnel del tarso, aparecía engrosado, inflamado y con signos claros de compresión. La imagen confirmaba lo que sus síntomas gritaban: su nervio estaba atrapado. Por fin, Mikel pudo ver la causa de su dolor.
Este enfoque nos permite desmontar mitos comunes. A menudo, ante un dolor en la planta del pie, muchos piensan erróneamente en un espolón calcáneo. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que el espolón es, en la mayoría de los casos, un hallazgo radiológico incidental y no la causa del dolor. El dolor de Mikel, de tipo quemante y eléctrico, apuntaba directamente a una causa nerviosa, no ósea.

¿Por qué le ocurrió esto a Mikel? Identificamos varios factores clave:
La suma de estos factores creó la tormenta perfecta para que su nervio quedara atrapado.
Con un diagnóstico preciso en mano, diseñamos para Mikel un plan de tratamiento personalizado, huyendo de soluciones genéricas. El objetivo era doble: aliviar su dolor agudo de inmediato y corregir la causa de raíz para evitar futuras recaídas.
Se estableció un abordaje terapéutico multimodal orientado a disminuir la sensibilidad neural, mejorar el deslizamiento del nervio tibial posterior dentro del túnel tarsiano y corregir los factores mecánicos implicados en la persistencia del dolor.
El plan incluyó:
Este enfoque terapéutico —individualizado, ecoguiado y centrado en el origen del problema— permite actuar de forma simultánea sobre el componente neural y sobre los factores biomecánicos perpetuantes.

Mikel refirió una disminución notable del dolor irradiado hacia la planta medial del pie, así como una sensación de “menor presión” en la zona del túnel tarsiano. Indicó además mejora inmediata de la movilidad neural y ligera reducción del hormigueo nocturno.
Presentó una reducción progresiva de la sintomatología, con menor dolor en la bipedestación prolongada y mejor tolerancia a la marcha. El hormigueo nocturno disminuyó en intensidad y frecuencia. La neurodinamia se realizaba sin aumento del dolor y con mejor deslizamiento del nervio. Se observó una mejoría objetiva en la movilidad tibiotalar y en la estabilidad del retropié con el uso de los soportes plantares personalizados.
Mikel toleraba mayor carga funcional sin aparición de síntomas neurales relevantes. Mantuvo una clara reducción del dolor medial del tobillo y de la sensación de atrapamiento. Los deslizamientos neurales se realizaban con mayor amplitud y fluidez, sin parestesias asociadas. Refirió mejoría significativa en las actividades de la vida diaria y sensación de mayor seguridad al caminar.
Mikel presentó una evolución favorable, con desaparición de la sintomatología nocturna, notable disminución del dolor basal y normalización de la marcha. La tolerancia a la carga y la función global del pie habían mejorado sustancialmente. La percepción de compresión en el túnel tarsiano prácticamente había remitido. Continuó con el plan de ejercicios personalizado y revisiones periódicas para consolidar la mejoría y evitar recurrencias.
La historia de Mikel nos deja aprendizajes fundamentales que pueden ser la clave para tu propio alivio:
Un diagnóstico no puede basarse solo en lo que se ve. La tecnología avanzada, como la ecografía podológica, es esencial para desvelar problemas “invisibles” en nervios y tejidos blandos que una radiografía nunca mostrará.
No todo el dolor de talón es una fascitis plantar. Un dolor eléctrico, quemante o con hormigueo casi siempre indica un origen nervioso que requiere un enfoque diagnóstico y terapéutico diferente.
La solución real está en corregir la causa. Tratar solo el síntoma es poner un parche. Un buen estudio biomecánico de la pisada y un tratamiento personalizado son fundamentales para una recuperación duradera y para evitar que el problema vuelva a aparecer.
El Síndrome del Túnel Tarsiano es una neuropatía por compresión del nervio tibial posterior a su paso por el túnel del tarso, ubicado en la cara interna del tobillo. Se caracteriza por dolor tipo quemazón, hormigueo y parestesias en la planta del pie.
Los síntomas principales incluyen: dolor ardiente o eléctrico en la planta del pie, hormigueo en los dedos, sensación de acorchamiento, empeoramiento nocturno del dolor, y síntomas que se agravan con la actividad prolongada. A diferencia de otras patologías, no suele haber signos visibles de inflamación.
El diagnóstico del túnel tarsiano requiere una exploración clínica detallada que incluye el Signo de Tinel y, fundamentalmente, una ecografía de alta resolución que permite visualizar el nervio tibial comprimido. Las radiografías convencionales no son útiles para este diagnóstico.
En la mayoría de los casos, sí. El tratamiento conservador mediante neuromodulación ecoguiada, hidrodisección, corrección biomecánica con plantillas personalizadas y ejercicios de neurodinamia ofrece excelentes resultados sin necesidad de cirugía.
La evolución es variable según cada caso, pero muchos pacientes experimentan mejoría significativa en las primeras 2-4 semanas de tratamiento. La resolución completa del cuadro suele lograrse entre 1 y 3 meses con el tratamiento adecuado.
Es un error diagnóstico frecuente. La fascitis plantar produce un dolor mecánico en el talón, mientras que el túnel tarsiano genera dolor neuropático (eléctrico, quemante) con hormigueo. Sin ecografía especializada y exploración neurológica adecuada, ambos pueden confundirse.
El espolón calcáneo es un hallazgo radiológico (crecimiento óseo) que en la mayoría de casos no causa dolor. El túnel tarsiano es una compresión nerviosa con síntomas neuropáticos. Puedes tener espolón sin dolor y túnel tarsiano sin espolón.
Sí, las plantillas personalizadas son fundamentales en el tratamiento. Corrigen la biomecánica del pie, redistribuyen las cargas y reducen la tensión sobre el nervio tibial, lo que ayuda a prevenir recaídas y favorece la recuperación.
Si solo se trata el síntoma sin corregir la causa biomecánica, existe riesgo de recurrencia. Por eso nuestro tratamiento incluye corrección de la pisada, fortalecimiento y ejercicios específicos para prevenir nuevos episodios.
En el Centro Podológico Henao en Bilbao disponemos de tecnología de diagnóstico por imagen de alta resolución y tratamientos avanzados ecoguiados específicos para el Síndrome del Túnel Tarsiano.
Si has llegado hasta aquí, es posible que el calvario de Mikel te resulte demasiado familiar. Tómate un segundo y revisa esta lista:
✓ ¿Sientes un dolor tipo ardor o quemazón en la planta del pie o el talón?
✓ ¿Experimentas hormigueo, calambres o una molesta sensación de “acorchamiento”?
✓ ¿El dolor empeora por la noche, interrumpe tu sueño y te obliga a mover el pie?
✓ ¿Has probado tratamientos que no funcionan y te han dicho que “no tienes nada” porque las radiografías salen limpias?
Si has respondido afirmativamente a varias de estas preguntas, no estás solo y, sobre todo, no tienes que conformarte con vivir con dolor. Tu problema probablemente tiene un nombre y, lo más importante, una solución.
Deja de dar palos de ciego y de frustrarte con diagnósticos que no llevan a ninguna parte. En el Centro Podológico Henao, bajo la dirección de la Dra. Gisela Gómez, tenemos la experiencia y la tecnología de vanguardia para darte el diagnóstico preciso que llevas tiempo buscando.
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